Otrosí en contratos: Qué es, para qué sirve y cuándo puede convertirse en un riesgo jurídico.
- Paola Andrea Villegas Novoa
- 27 mar
- 4 Min. de lectura

En el mundo empresarial, los contratos suelen verse como documentos cerrados, firmados y listos para ejecutarse sin mayores cambios.Pero la realidad es distinta.
Los proyectos evolucionan, las condiciones cambian y lo que inicialmente se pactó muchas veces necesita ajustarse para poder ejecutarse correctamente. Ahí es donde aparece una figura ampliamente utilizada en la práctica contractual: El otrosí.
Aunque es común en la operación de las empresas, pocas veces se entiende realmente qué es, para qué sirve y cuáles son sus implicaciones jurídicas.
El otrosí no nace de la ley, nace de la práctica contractual
El término “otrosí” no está definido como tal en el Código Civil ni en el Código de Comercio colombiano, sin embargo, su fundamento jurídico es claro.
Se trata de una manifestación de la autonomía de la voluntad, según la cual las partes pueden crear, modificar o extinguir sus relaciones contractuales de mutuo acuerdo. En ese sentido, el otrosí es simplemente una modificación acordada del contrato original, que mantiene vigente el vínculo contractual pero ajusta alguna de sus condiciones.
Su validez se soporta en principios básicos del derecho de contratos, como:
La libertad contractual
El consenso entre las partes
Y la fuerza vinculante de los acuerdos
No es una figura informal, es un instrumento plenamente válido cuando cumple con los requisitos del contrato original.
Para qué se usa realmente un otrosí en los contratos
En la práctica empresarial, el otrosí cumple una función clave: adaptar el contrato a la realidad de la ejecución. Se utiliza cuando el contrato necesita ajustarse sin que sea necesario terminarlo o celebrar uno nuevo.
Es común en escenarios donde se requiere modificar aspectos como:
Plazos de ejecución
Alcance del objeto
Condiciones técnicas del proyecto
Forma de pago o estructura económica
Obligaciones operativas
En contratos complejos, como los de construcción, consultoría, tecnología o proyectos estructurados el otrosí no es una excepción, es parte natural de la ejecución, permite que el contrato siga siendo útil y viable a medida que el proyecto avanza.
Otrosí vs. adenda: una diferencia que sí importa
En la práctica, es común que se utilicen indistintamente los términos “otrosí” y “adenda”, pero jurídicamente cumplen funciones distintas. El otrosí implica una modificación del contrato: cambia condiciones existentes, ajusta obligaciones o redefine aspectos clave de la relación contractual.
La adenda, en cambio, suele emplearse para complementar o desarrollar el contrato, sin alterar sustancialmente lo ya pactado. Es decir, agrega contenido, pero no necesariamente modifica lo existente.
En términos prácticos: El otrosí se utiliza cuando el contrato necesita cambiar, la adenda por su parte se usa cuando el contrato necesita completarse. Confundirlos no es un detalle menor, puede generar ambigüedad sobre si realmente se modificó el contrato o solo se añadió información adicional.
La función estratégica del otrosí: más allá de lo operativo
El otrosí no solo cumple una función operativa, cumple una función jurídica crítica: preservar la coherencia entre el contrato y la realidad.
Cuando los cambios en la ejecución no quedan formalizados, aparecen riesgos importantes:
Incertidumbre sobre las obligaciones
Dificultades probatorias en caso de conflicto
Debilidad en reclamaciones contractuales
Problemas en la activación de garantías o pólizas
El otrosí permite dejar trazabilidad, es la forma en que el contrato “se actualiza” jurídicamente por eso, bien utilizado, es una herramienta de gestión de riesgo contractual.
El punto que pocos empresarios ven: El otrosí y la buena fe contractual
En derecho, los contratos no solo obligan a cumplir lo pactado. También deben ejecutarse de buena fe, como lo establece el artículo 1603 del Código Civil. Esto implica que las partes deben comportarse de manera que el contrato pueda cumplirse en la práctica. En ese contexto, el otrosí adquiere una dimensión distinta.
Cuando es necesario para la ejecución del contrato, no es simplemente una opción, puede convertirse en un instrumento necesario para cumplir adecuadamente las obligaciones, negarse injustificadamente a suscribirlo, en ciertos casos, puede interpretarse como una conducta que dificulta o impide la ejecución del contrato y ahí el problema deja de ser operativo, se convierte en jurídico.
Cuándo no se debe utilizar un otrosí
El otrosí no es una herramienta para todo, mal utilizado puede generar más riesgos que soluciones y no debería emplearse cuando se pretende modificar sustancialmente la naturaleza del contrato al punto de desdibujar el acuerdo original, se busca corregir errores estructurales que debieron resolverse desde la negociación inicial, se utiliza de manera reiterada para “parchar” un contrato mal diseñado o se intenta imponer unilateralmente sin el consentimiento real de la otra parte.
En estos casos, el otrosí puede generar inseguridad jurídica, conflictos o incluso cuestionamientos sobre la validez de lo pactado.
El riesgo silencioso: Usar el otrosí sin estrategia
Uno de los errores más comunes en las empresas es tratar el otrosí como un simple trámite.
Se firma rápido.Se redacta sin profundidad.No se analizan sus efectos.
Pero cada otrosí modifica el contrato.
Y cada modificación puede alterar:
la asignación de riesgos
las responsabilidades de las partes
la cobertura de garantías
el equilibrio económico del contrato
Un otrosí mal estructurado puede terminar siendo más problemático que la situación que pretendía resolver.
El otrosí bien utilizado: Una herramienta de control, no de reacción
Cuando se usa correctamente, el otrosí permite a las empresas algo fundamental: mantener el control jurídico del contrato durante su ejecución, no se trata solo de ajustar, se trata de hacerlo con criterio, anticipando riesgos y dejando claridad sobre las nuevas condiciones, porque en la práctica empresarial, el mayor problema no suele estar en el contrato que se firma sino en cómo se ejecuta.
Y en ese proceso, el otrosí puede ser una herramienta estratégica…o una fuente silenciosa de problemas.
Si tu contrato necesita ajustarse para poder ejecutarse correctamente, no es un detalle menor, es un punto crítico de riesgo. El otrosí, bien diseñado, protege la operación, mal utilizado, puede comprometerla. Ahí es donde el derecho deja de ser un requisito…y se convierte en una herramienta estratégica para el negocio.
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