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ALIADOX - Test de riesgos contractuales

Toma un contrato importante de tu empresa y responde estas 7 preguntas mirándolo. En un minuto tendrás su semáforo de riesgo y sabrás exactamente qué conversación necesitas tener antes de firmar el próximo.

Qué evalúa este test:  los 7 puntos donde más se pierde dinero

Un contrato mal estructurado no falla el día que se firma. Falla dos años después, cuando algo sale mal y las partes descubren que el documento no dice quién responde. Estos son los siete puntos donde con más frecuencia aparece ese vacío en los contratos empresariales colombianos, y son exactamente los que revisa el test.

1. Límite de responsabilidad

Es la cláusula que define hasta cuánto responde cada parte si algo falla. Cuando el contrato guarda silencio, la respuesta la da la ley: se responde por todo el daño causado, sin techo. Eso significa que un contrato de veinte millones puede generar una obligación indemnizatoria de doscientos.

Un límite de responsabilidad bien redactado no elimina la responsabilidad: la vuelve previsible. Y lo previsible se puede asegurar, provisionar y negociar.

2. Cláusula de indemnidad

No basta con saber quién responde entre las dos partes. La pregunta más costosa es qué pasa cuando un tercero reclama: un cliente de tu cliente, un trabajador, un vecino, una autoridad. La cláusula de indemnidad define quién asume la defensa, los honorarios de abogado y el pago de esa reclamación.

Es una cláusula atípica —no está regulada en el Código Civil ni en el de Comercio— y por eso su alcance depende íntegramente de cómo esté redactada. Las de una sola vía, en las que solo una parte indemniza a la otra, son frecuentes y rara vez se negocian por desconocimiento.

3. Seguros vigentes durante la ejecución

Exigir pólizas al inicio no sirve de nada si nadie verifica que sigan vigentes. Los amparos vencen, las sumas aseguradas quedan cortas frente a un contrato que creció, y el beneficiario a veces está mal designado.

El punto crítico no es tener póliza: es que los amparos correspondan a los riesgos reales del contrato y que el contrato obligue a acreditar la vigencia periódicamente.

4. Cláusula penal

Es la consecuencia económica pactada de antemano para el incumplimiento. Su utilidad práctica es enorme: te evita tener que probar cuánto perdiste, que suele ser la parte más difícil y costosa de cualquier reclamación.

Pero tiene una trampa. Según el artículo 1600 del Código Civil, no se puede exigir a la vez la pena y la indemnización ordinaria de perjuicios, salvo que se haya pactado expresamente. Muchos contratos incluyen una cláusula penal creyendo que suman protección, cuando en realidad están poniéndole techo a lo que podrán cobrar.

5. Fuerza mayor y hechos imprevistos

La ley colombiana define la fuerza mayor como el imprevisto al que no es posible resistir. Suena claro, pero en la práctica casi todo se discute: un paro, un bloqueo vial, una decisión administrativa, una escasez de insumos.

Un contrato que no regula esto deja la discusión abierta a interpretación judicial. Uno que la regula bien define qué eventos cuentan, en qué plazo hay que avisar, qué obligaciones se suspenden y a partir de cuándo cualquiera puede terminar el contrato sin sanción.

6. Solución de controversias

Aquí se decide dónde y cómo vas a discutir si el contrato falla. Justicia ordinaria, conciliación previa o tribunal de arbitramento.

El arbitraje es más rápido y especializado, pero su costo tiene poco que ver con el valor del contrato: un tribunal puede costar más que lo que estás discutiendo. Pactar arbitraje en un contrato de bajo valor es una forma silenciosa de renunciar a reclamar. Y un domicilio mal elegido puede obligarte a litigar en otra ciudad.

7. Modificaciones por escrito

Casi todos los conflictos contractuales que llegan a mi oficina tienen el mismo origen: lo que las partes acordaron durante la ejecución no coincide con lo que firmaron al principio.

Se amplió el alcance por WhatsApp. Se cambió el plazo en una llamada. Se aceptó un entregable distinto en una reunión. Todo de buena fe, todo sin dejar rastro. Cuando llega el desacuerdo, el único documento que existe es el original, y el original ya no describe el negocio real. Un otrosí de media página evita un proceso de tres años.

Cómo leer tu semáforo

El test no califica la calidad de tu contrato, mide exposición: cuánto riesgo estás asumiendo sin haberlo decidido conscientemente.

Rojo. Hay vacíos en puntos que definen quién paga cuando algo sale mal. No significa que el contrato sea inválido; significa que, si aparece un problema, la respuesta la va a dar un juez y no tú.

Amarillo. La estructura básica está, pero hay cláusulas ambiguas o incompletas que se van a discutir cuando haya tensión entre las partes. Son las que se negocian mejor antes de firmar, cuando todavía hay buena voluntad.

Verde. No aparecieron vacíos en los siete puntos evaluados. Eso no equivale a que el contrato esté bien: el test revisa siete aspectos sobre un documento que no ha visto, a partir de tus respuestas. Es un punto de partida, no un aval.

Y una advertencia sobre el "No sé": si no sabes si tu contrato tiene una cláusula, para efectos prácticos es como si no la tuviera. En una discusión no vas a poder invocar algo que no sabes que está ahí.

Preguntas frecuentes sobre riesgos contractuales

¿Qué pasa si mi contrato no tiene límite de responsabilidad? Se aplica el régimen legal: quien incumple responde por el daño emergente y el lucro cesante que su incumplimiento haya causado, sin tope. En contratos con componente técnico u operativo, ese monto puede superar varias veces el valor del contrato. Ojo con un límite: aunque puedes pactar topes, no es válido acordar de antemano que no responderás por dolo. El artículo 1522 del Código Civil considera que la condonación del dolo futuro tiene objeto ilícito.

¿Es obligatorio incluir cláusula penal? No. Es una decisión estratégica, no un requisito de validez. Conviene cuando el perjuicio del incumplimiento es difícil de probar o de cuantificar —plazos, disponibilidad, confidencialidad— y conviene menos cuando el daño real puede superar ampliamente la pena pactada. En materia comercial además tiene límites: la pena manifiestamente excesiva puede reducirse judicialmente. Una cláusula penal desproporcionada no es más protección; es una discusión adicional.

¿Un acuerdo por WhatsApp modifica el contrato? Puede tener valor probatorio, pero es terreno resbaloso. Muchos contratos exigen que toda modificación conste por escrito y firmada, y ese pacto es válido y oponible. Aun sin esa exigencia, reconstruir un acuerdo a partir de mensajes sueltos, sin contexto y con conversaciones borradas es exactamente el escenario que uno quiere evitar. La regla práctica: si el acuerdo cambia alcance, precio, plazo o responsabilidades, va en un otrosí firmado. Siempre.

¿Qué es la cláusula de indemnidad y en qué se diferencia de la responsabilidad normal? La responsabilidad contractual regula qué se deben las partes entre sí. La indemnidad regula qué pasa cuando el golpe viene de afuera: un tercero que reclama, una autoridad que sanciona, un trabajador que demanda. Son cosas distintas y un contrato puede tener bien resuelta una y completamente abierta la otra. En proyectos con subcontratistas, cadenas de proveedores o personal en sitio, la indemnidad suele ser la cláusula más relevante de todo el documento.

¿Conviene pactar arbitraje? Depende de tres variables: el valor del contrato, la complejidad técnica de la discusión y la urgencia de una decisión. El arbitraje ofrece rapidez y árbitros que entienden la materia. A cambio, tiene costos que no escalan con el valor de lo discutido y no admite apelación en el sentido tradicional. Como regla gruesa, en contratos de bajo valor la cláusula compromisoria termina desincentivando el reclamo legítimo. Antes de copiarla de otro contrato, vale la pena hacer el cálculo.

¿Este test reemplaza la revisión de un abogado? No, y no pretende hacerlo. Es una autoevaluación de siete puntos basada en tus respuestas, no en la lectura del documento. Sirve para saber si tienes un problema y de qué tamaño. No sirve para resolverlo. Un contrato puede responder afirmativamente a las siete preguntas y aun así estar mal estructurado: tener las cláusulas no es lo mismo que tenerlas bien redactadas.

¿Qué hago si mi resultado fue rojo y ya firmé el contrato? Un resultado rojo sobre un contrato firmado no significa que estés indefensa. Significa que tu posición depende del régimen legal supletivo en lugar de lo que tú hubieras negociado, y que conviene saber exactamente dónde estás parada antes de que aparezca el problema. Si el contrato sigue en ejecución, casi siempre hay margen para corregir mediante otrosí. La conversación es mucho más fácil cuando la relación está sana que cuando ya hay un incumplimiento sobre la mesa.

Ya sabes dónde estás expuesto. El siguiente paso es cerrar la brecha.

El test te dice si tu contrato tiene vacíos. No te dice qué tan grave es cada uno en tu operación concreta, ni qué redacción los cierra.

Si tu resultado fue rojo o amarillo, te ofrezco una revisión exprés: tomo un contrato de tu empresa y te devuelvo un informe corto con el semáforo de tus cláusulas críticas, el impacto económico de cada hallazgo y las conversaciones que deberías tener antes de firmar el próximo. La hago yo, no un software, y por eso tiene cupo limitado.

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